El nuevo Arzobispo platense presidió el Tedeum y pidió que no se reemplace la política por la empresa

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En una Iglesia Catedral con gran presencia de laicos, religiosos y autoridades locales y provinciales, el Arzobispo Víctor Manuel Fernández presidió el primer tedeum al frente de la Arquidiócesis de La Plata.

Con un mensaje direccionado a la preservación de la vida, la dignidad humana, y la ayuda a quienes están excluidos, Mons. Fernández se refirió al verdadero “espíritu de la política”.

El Arzobispo destacó que “Francisco quiere rehabilitar la política, porque hoy se la suele denigrar hasta tal punto que parece que hay que reemplazarla por la empresa”. “Es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común’”, señaló.

En ese sentido, el Arzobispo precisó que existe “una forma de la caridad que se llama precisamente ‘caridad política’, y que procura modificar las condiciones para que se haga posible el bien común”. “La caridad no es sólo el principio de “las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas”, argumentó.

Continuando en esa vía reflexiva, el Arzobispo reincidió; “Creo que la política se queda sin espíritu y se vuelve pragmatismo vacío cuando uno deja de amar la vida más frágil, la vida más pequeña y limitada, cuando ya no lo hiere la vida amenazada, cuando ya no se obsesiona por salvar a todos”.

Aseveró que es “fácil entender por qué a muchos nos preocupa cuidar la vida de los que no nacieron para poder defender de verdad los derechos humanos. Porque los derechos de un ser humano se pueden defender en cualquier circunstancia solamente si ese ser humano tiene un valor no negociable”.

El Arzobispo recordó que esto referido a la defensa de la vida de quienes aún no nacieron y de los derechos humanos, no responde a un dogma exclusivo de los que solamente son creyentes, sino que es simplemente “humanismo”. Allí, Mons. Fernández citó al actual presidente del Uruguay, Tabaré Vázquez quien vetó una ley de aborto y no movido por un dogma, “sino por una convicción profundamente humanista, la convicción de que la vida humana se defiende siempre o siempre quedará expuesta a cualquier atropello”.