Recordando los años 90: boliches de La Plata

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Metro, Block, Ruta, Los Naranjos o La Grieta. Previa en el Horno –con el tekila a un peso– o en La Placita, y el cierre de la noche en el kiosco de He-Man. Rememore las salidas de su juventud en los tiempos del uno a uno

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Juntarse en la casa de la amiga o amigo disponible a tomar Gancia con limón, algunas cervezas, y terminar de arreglarse para ir a bailar. Caminar hasta el boliche, y entrar temprano para que sirvan los pases (previamente gestionados con los tarjeteros de 8 y 48). Ya adentro, pedir un Pantera Rosa, Sex on the beach o quizá un Bazooka. Esas eran las directivas promedio de los jóvenes platenses que salían en los noventa.

Las opciones eran muchas: Siddartha, Metropolis y Block encabezaban los clásicos. Si se buscaba algo bien “cheto” podía irse a Los Naranjos o Ruta Bacalao. Por lo general, solo había que tener cuidado con las grescas de grupos de rugbiers a la salida.

Si se estaba dispuesto a otro tipo de aventuras, y se quería ahorrar algunos pesos, debía apuntarse a Gitana, La Grieta o Rio. Si el DNI ya acusaba 21, era recomendable visitar Mapuches o Pachuka.

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La enumeración parece infinita y, sin lugar a dudas, pecará de incompleta. Pero el objetivo de esta nota  apunta a movilizar los recuerdos de los vecinos que pasan los treinta. Apela a rescatar postales poco inmortalizadas por el periodismo local.

Este artículo será el primero en mencionar a Madrid, una discoteca ultra top que brevemente robó la atención de quienes salían por diagonal 74, a mediados de los 90. Ubicada en la intersección de la arteria masónica con calle 48, donde hoy se encuentra la heladería Thionis, contaba con tres espacios. La planta baja, donde hoy se disponen la mayoría de las mesas del local comercial, se llamaba “el purgatorio”, y era la pista principal. En el subsuelo, donde actualmente están  los baños, había una pista llamada “el infierno”, a la que, claro, se accedía descendiendo del “purgatorio”. La parte superior, lógicamente, se llamaba “el cielo”, y era donde además de bailarse, se encontraban los reservados (que poco tenían que envidiarle a los de Portofino).

También sería propio recordar La Laguna, un boliche-barra camino a Punta Lara, que intentó efímeramente ser un boliche de verano que otorgara una escenografía de playa.

Este artículo también busca inmortalizar el circuito preferido por muchos estudiantes de aquella época, quienes desembarcaban en El Estudio de 8 entre 40 y 41, El Teatro de 42 entre 7 y 8, o los centros de estudiantes como el de Bahía, Chubut o La Pampa, o la mismísima Casa del Pueblo.

Y si de circuitos hablamos, podemos señalar aquel para otras edades -aunque con muchos jóvenes infiltrados- se reunía espacios como Hemisferio o Recordando. O Juana, en 44 entre 10 y 11, donde hoy  se erige La Casona (y no confundir con el lugar donde se hacían las fiestas maristas).

El rock, por su parte, se escuchaba en lugares como El Bar, El Tinto, el Cafetal o Coronado.

Las “previas” fuera de casa -con el Calvin Klein One recién puesto y luciendo un cinto del cencerro con nuestras iniciales- encontraban lugar en bares como El Horno (donde el tekila costaba un peso), en La Placita (8 y 43), en espacios como el Sport Café ( donde era habitué Maradona y que merece una nota aparte) o en el bar frente a Siddartha.

Las noches terminaban calmando “la gula” etílica en algunas estaciones de servicio Shell, donde el parroquiano se podía servir su propio conito de helado de varios pisos, o en el “kiosco de He-man”, recordado comercio de 44 entre 12 y plaza Paso, donde se ofrecían más de 50 salsas para acompañar los panchos, a los que nunca les faltaba una lluvia de papas.

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Públicas de Block, hoy: De pie, desde la izq., Tulio, Emi Galletti, Peque, Limón, Teto, Ale Castro, Jorge. Abajo: Nacho Bidondo, Darío Seba y Gabriel Idiarte