Viajó de la URSS para trabajar en la Catedral, se quedó sin país, durmió en el Bosque y hoy es película

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por Nicolás Kosinski.

La Catedral de La Plata, el imponente templo neogótico que funciona como faro geográfico y turístico de la ciudad, alguna vez estuvo incompleto. Si, tal vez los millennials no lo sepan, pero a la Catedral le faltaban partes y eso la hacía única: la obra arquitectónica sagrada más grande de América del Sur, en plenas funciones, parecía que definitivamente nunca iba a tener las torres tocando el cielo que ostenta toda construcción religiosa.

¿Problemas de cimientos? ¿Estafas? ¿Aguas subterránea? ¿Masonería? Misterios y más misterios que quedaron sin contestar cuando en 1998 el gobierno de la provincia, a cargo de Eduardo Duhalde, decidió por fin terminar la obra que había comenzado en el año 1884 el arquitecto Ernesto Meyer por pedido de Pedro Benoit.

Ese otoño, entre los cientos de trabajadores tentados por la oportunidad llegó al país Segey Spivak Laurson – enseguida rebautizado Sergio-, contratado para moldear las esculturas de las gárgolas del nuevo proyecto.

Un exiliado soviético nacido en Estonia, un artista con formación rigurosa en las instituciones rusas y también un personaje de cuento, con uno y (otra vez) mil misterios encima: una infancia en campos de trabajo forzado, tatuajes de guerra, recuerdos de  juventud  y mecenazgos recibidos, anécdotas de vida entre reyes y príncipes, obras preciosistas sin vender acumuladas en una casa pobre, un idioma imposible y una mirada extrañada que obliga a transitar y volver a ver la ciudad desde los ojos de un otro, muy distinto.

sergey

Sergey, como Tom Hanks en “La terminal”, un día se encuentra lejos, solo y  sin país de origen al que volver, todo se vuelve borroso desde a la distancia. En 1991 la República Socialista Soviética de Estonia se independiza por completo y pasa a llamarse simplemente Estonia. La nueva república revive una antigua ley de residencia que deja sin ciudadanía a una notable minoría, entre ellos a Segey.

De la academia Imperial de las Artes de San Petersburgo  a una habitación húmeda de la periferia platense; de mecenas y príncipes a la venta ambulante de obras religiosas de grandísima calidad; de los paisajes de Siberia a la estación de trenes de 44. Todo mezclado en la fuga permanente, con una cándida fascinación por los paisajes naturales de Argentina: Sergio sueña con conocer las cataratas del Iguazú. Así se va a trazando el perfil de un personaje fascinante  que todavía sigue rebuscándose la vida en las calles de la ciudad, a veces, juntando colillas de cigarrillos de la calle.

Su historia en el país despliega postales impensadas: pudo vérselo encontrando asilo entre vecinos de Berisso, o durmiendo en algún banco del Bosque, donde también colaboró en la reparación de los colmillos de los famosos tigres diente de sable del Museo.

Completar el perfil de este excombatiente de la guerra de Afganistán, que trabajó como pintor para la familia del Rey Hassan II de Marruecos y hoy es fanático de los superpanchos con chucrut del Pulpito de Plaza Moreno, es una tarea de contrastes a la cual se ha abocado el director platense Pedro Barandiaran.

En blanco y negro, con un bello y cuidado registro visual, la película documental “Segey”, recientemente estrenada y ganadora de la Competencia Panorama Argentino del  Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires;  se acerca a la historia del artista desterrado, recorriendo paisajes emblemáticos de la ciudad en los zapatos de uno de los tantos que por trabajo, estudios o caprichos del destino llega a nuestra ciudad para no irse nunca más.

Segey se proyectará durante la Semana del Cine Platense, en Diciembre. Horario y lugar a confirmar.