El terremoto y la final de Gimnasia ¿Casualidad? No lo creo

perdomo

Por María Iglesias – Columna de opinión.

La Plata es una ciudad fundacionalmente esotérica. Todos sabemos que hubo aquelarres en Tolosa y maldiciones en Plaza Moreno: las leyendas se fueron construyendo desde los cimientos y no nos queda ningún evento, en los últimos 136 años, que le escape a esta lógica.

Un ejemplo, entre varios otros, es lo que pasó el 5 de abril de 1992. Ese día, en el Observatorio de la Universidad de Astronomía de la UNLP se registró un movimiento sísmico. Algo normal pero poco habitual en la zona donde vivimos.

Según consta en las crónicas, el temblor coincidió exactamente con el instante en que la hinchada de Gimnasia festejó, a 600 metros de la Facultad, un gol de visitante contra Estudiantes, en un clásico que finalmente ganó 1 a 0.

La simultaneidad no quedó bajo sospecha y desde entonces, para cualquiera que se le pregunte dentro del casco histórico y alrededores, el sismo fue causado por la enorme ovación del Lobo. El jugador José Perdomo (autor del gol bautizado “Terremoto”) legitimó esta versión. Si alguien duda de ella, se lo acusa de parcial.

La comunidad científica no salió a bancar con firmeza los “6 grados en la escala de Richter” que se difundieron, pero sí lo hizo la población: “El aniversario del gol que hizo temblar la Tierra” es una nota fija en suplementos deportivos locales. “El basurero provocó hasta terremotos” se canta en todos los partidos de GELP. Una facción de la hinchada pasó a llamarse, directamente, “Movimiento terremoto”.

Aunque la comunidad científica no lo avaló con firmeza, en los medios se legitimó que el gol de Perdomo a Estudiantes provocó un sismo de 6 grados en la escala de Richter. Luego, una facción de la hinchada tripera pasó a llamarse “Movimiento terremoto”

26 años después, esta semana, a días de la posibilidad de que Gimnasia gane su primer campeonato, un nuevo sismo nos sorprendió. La coincidencia no pasó desapercibida y la connotación fue inmediata: el extraño temblor es un recordatorio de aquella jugada de abril del ’92.

De acuerdo a lo forjado en más de un siglo de ciudadanía, no existe en nuestro imaginario colectivo forma alguna en que estos dos episodios geológicos no estén vinculados entre sí y con el partido que se está por jugar en Mendoza. El signo es contundente y nos dice que lo improbable no es necesariamente imposible. O que están pasando varias cosas raras a la vez. Algo nos dice.

Sea lo que sea que esto signifique, lo entendemos como una señal del Planeta que entusiasma a los triperos y que pone en alerta –para bien o para mal- a los que no lo son.

Nos dejamos envolver una vez más, indefectiblemente, por el cándido y tradicional misticismo platense. Y lo hacemos porque el suelo que está debajo de La Plata se movió y dejó levemente mareado a más de uno. Porque, vamos, ¿justo ahora un terremoto?